A veces nos duele el alma y no sabemos donde meterla. No sabemos como plancharla cuando se nos ha arrugado. Quizás demasiados soplos de viento. Quizás el alma también se constipa.

Pero siempre hay un lugar dentro donde el alma-nuestra alma de luz- reposta fuerzas. Es un lugar tranquilo, cálido y seco.  Un lugar dorado con pequeña vetas plateadas que reflejan nuestras lágrimas o aquellas batallas inconclusas.

Hoy recordaba a SONDRA RAY en aquello de escucharnos. Aquello de lo que hablamos, denuncía lo que ocupa nuestra mente: lo que me está ocupando.

Y hoy no me duele el alma. Recien llego de una feria nocturna y estoy satisfecha de poder vender con amor pedazos de collares. Sin embargo sí me estoy planteando una escapada para que mi alma se despliegue. Estar sola. Caminar por una tierra santa, libre, pura.

Necesito de mi misma y del silencio…para volver a creer en que todo sucede por algo.