LOS ABRAZOS ROTOS
La magia ha hecho que el Señor Almodóvar siempre esté un poquito en mi vida. Quizá porque estudié en Madrid y adoraba sus películas que a su vez eran refugio y consuelo de mis días más bohemios.Recuerdo una Nochebuena solitaria de 1995 en la que preferí estar solita con una peli de Pedro, que visitar a mi rota familia disfuncional, a la que ya he perdonado.
Así que por eso, Pedro sigue siendo LA FLOR DE MI SECRETO, como diría su estupenda Amanda Gris.
Me gusta mucho este director porque veo en él detalles maravillosos. Es un hombe fiel y amoroso con los suyos. Nunca ha dejado de trabajar con Ester García, con su montador José salcedo,con su hermano. Es un hombre bueno que ha dejado crecer junto a él y a su cine muchas pasiones hermosas.Es un director humano.
En Los abrazos rotos además de la hermosa Penelope Cruz, tenemos las voces inolvidables de Lluis y Blanca.
Si yo fuera ciega, estoy segura que no olvidaría una voz como la de Blanca Portillo. Es una de las voces más hermosas del teatro español. Una actriz a la que acompañé en un Luigi Pirindello en mi amado Círculo Bellas Artes.
Pedro sigue en mi vida con ese misterio mágico incuestionable. Mi madre por ejemplo, decidió irse a vivir a Lanzarote de nuevo, el mismo invierno que el director rodaba en la isla.Una vez ya en el pasado, el mismo año que yo me mudé a Barcelona, Pedro se fue a rodar, así, de repente, a la ciudad condal.
La cámara de Pedro todo lo pone bonito. Su fotografía es pura y personal.
A mí me da igual que algunos digan que este guión a veces se queda a medías o flojea en el ritmo.
Yo os aseguro que si Almodóvar lo ha dejado así, es con pleno convenciemiento. Es virgo, muy detallista. Hace lo que desea hacer. No está sujeto a otros.Hace lo que le viene en gana, un privilegio.
Siempre he valorado está fuerza: la libertad.




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