Hoy he reflexionado sobre los ayeres perdidos y la amistad.

Me ha ido bien el darme cuenta que ya no soy una niña enferma con la comida. Es un regalo que aquella “ansiedad brutal” no se manifieste en mi vida.

Hoy doy mucho valor a la paz y a la estabilidad si bien mi naturaleza, todos lo saben, es pura pasión.

Ayer me di cuenta que me estabilicé y se estabilizó mi peso. Y el cuerpo ya no es una tortura si bien está más hermoso cuando lo ejercitas.

Ayer saltaba en el concierto de mi querido mallorquín TOMEU PENYA. Saltaba y reía en medio de las mamás que un día fueron adolescentes y también entre sus hijas. Tomeu nos cantaba una “HAVANERA” desde las berbenas de mis trece años y nos ponía a todos la piel de gallina.

A Betty, mi amiga del alma de Benidorm,  (www.cuchola.es) le hubiera gustado.

Crecemos y perdemos cosas para ganar otras. Siempre se gana.

Me gusta verme mezclada con las niñas jovenes que todavía andan en el camino de descubrir que el cuerpo es la jarra, el cantaro…La vida lo llena de agua, de espíritu, de tatuajes y cicatrices.

“…torna que em mor de ganes per cantarte   ¡aiii! …una havanera.

La te  vaig escriure un vespre que t´anyorava i que tu no hi eres…

 te una coseta dolça que qui la escolta…¡aiii! s´enamora…”

Esta canción es para mi una cicatriz pero también un balsamo.

Todo cumple un proposito (hasta la enfermedad con la comida y el cuerpo) y un día, cuando nace la esperanza y la sabiduria, lo sabemos.

Seguiremos cantando amb en TOMEUET!!!