Nunca he escrito directamente para ti.  Nunca he osado, nunca me he atrevido.

Hay muy pocas oportunidades que tú, un jorecoke anónimo, lea estas palabras públicas, para los otros un tanto desconcertantes,de mí, una luciamiele.Pero aún así las escribo. Escribir me hace bien, eso hacen las escritoras.

Jorecoke estaba enfadado con su mamá. Yo en aquella no, ni por asomo. Jorecoke pasaba largos inviernos aislado, viendo películas, solo, en una casa vieja, fría, triste, fea.

Es curioso como sin quererlo me convertí un poco en ti.

Tras tu marcha, tan infantil por cierto como mi enfado, una ira nueva nació de mi corazón hacia el de mi dulce e imperfetca madre. También empecé a encerrarme con películas. No me permitía el lujo de engordar como tú, pues en las mujeres está muy mal visto, pero me aprendí los diálogos de CASABLANCA de memoria, entre otros…

He tardado dos años en perdonar completamente  a mamá, que equivale a decir lo mismo que perdonarme a mi misma, y dos años también en decidir cortarme el cabello.

Tú creías que nunca lo tendría largo, pues te equivocabas: ya rozaba más abajo de mis hombros, era rojizo, repleto de henna y muy hermoso. Pero había algo de mi que sabía que ese cabello era un poco tuyo. Y es tan estúpido darle algo a alguien que no está…

El nagual fue parte de mí.

 Jorecoke apareció como un tubo rojo y azul en el desierto. No sabía a cocacola por cierto, pero era bastante dulce. Eso sí, tenía altas dosis de cafeína.

Vuelvo a ser yo, vuelvo a ser libre.

Soñé contigo, una vez más la otra noche, hace dos días. En mi sueño tu energía, contra tu testaruda voluntad, se venía conmigo.

Reposaba en mi piel, flotaba en mis oídos, tres veces, tal como siempre.

Por ello te doy las gracias. Por ello y por más cosas…como a mi madre…