UN LOBO Y SU HOJITA DE VIENTO
No soy Caperucita pero yo también encontré al lobo. No estaba en medio del bosque sino agazapado tras un mostrador dentro de una tienda, en plena ciudad.
El lobo como todos los lobos me dio un soberano susto, e irremediablemente me quiso comer.
Lo hizo. Lo que nadie cuenta es que a veces las caperucitas están encantadas con los lametones del lobo. Muerde en la yugular jugosamente. Bueno, así fue el pasado.
Pero los lobos como toda bestia un día muestran su furia. Entonces los poblerinos se enfadan porque la fiera ha dejado de ser mansa.
Ha costado perdonar al lobo.
No más que entender que simplemente hizo lo que estaba escrito que hiciera.
Los lobos atacan si se sienten atacados.
Desconozco si los lobos reflexionan…, pero por si acaso, por mi parte de loba, le concederemos el beneficio de la duda.
Eso sí, al bosque, mejor no adentrarse a solas…ni de noche.
Graciela le llamaba “el lobo”. A ella la sigo extrañando. Ella prefirió los árboles. Era una hojita de viento…




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