Una se siente privilegiada y acariciada por la vida tras conversar, amenamente,con el pintor natural de Pollença.

Busser, mi estimado abuelo me legó el gusto por el arte. Fue su mayor regalo navideño dejado en mis calcetines infantiles: amar la pintura y saber decir Picasso con menos de cuatro años.

Me encontré, en una temprana mañana de invierno, viajando a India por sorpresa. Fue aquí mismo, en un café de las avenidas, en Palma. El detonante una pared, unos cuadros de una luz inmensa, de una belleza sagrada. Técnica y color al servicio del alma ilustrando India, retratando por el ejemplo la suave brisa del Gangés. Aromas dentro de un lienzo. Obra que desprendía no sólo el talento del artista mallorquín, también su sensibilidad por captar lo místico, lo sútil; dejar sentir con su obra lo que muchos yoguis sabemos: India es profunda.

Es un gusto para mí, no una decepción, encontrar tras el pintor,un humano afable. Concentrado en su obra, en su trabajo absorbente, pero sabedor y conocedor del mundo. No me gustan los artistas encerrados en su burbuja. Tampoco los meditadores que no se implican.

Tomando un chocolate caliente, a su lado, he recorrido de nuevo Asia para acabar trasladándonos hasta Manhattan donde he sentido el placer insolente de vivir una visión:

Sastre, Tomeu, es conocedor de la obra que pinta. Sabe de historias. Es un relato en vivo de Paul Auster, un colega de Eduard Hopper. Es más, yo osaría, sin miedo a equivocarme a decir que  si Bartolome escribiera, sus cuadros se transformarían en bellas novelas, dignas del autor americano que “creía que su padre era Dios“, que escribió el más bello “Palacio de la luna“, o que dibujo con las últimas palabras del mundo: “El país de las últimas cosas”.

 A ambos, hoy, os lo recomiendo.

www.paulauster.co.uk

www.austingalleries.com 

 (Ir a autores y buscar Satre Bartolome, para contemplar su maginifica obra)

¡Y este pintor es contemporáneo y mallorquín!