Alejandro J. entró en mi vida de forma anecdótica. Mi amigo Juan Sáez que se dedica a la sanación y al perdido arte zahorí de buscar agua con unas barritas metálicas,me llamó para decirme que estaba leyendo un libro que por una misteriosa razón no dejaba de asociarlo conmigo. Lo gracioso es que Juán cuando me llamó llevaba más de 9 meses sin verme y ya no vivíamos en la misma ciudad.

El libro en cuestión, el que le recordaba a mí era LA DANZA DE LA REALIDAD. Tanto insistió mi buen amigo que acabé por comprarlo yo misma para ver si las andanzas del chileno resonaban en mi interior de algún modo, y así fue como tras escuchar la voz de la vida, acabé conociendo al entrañable autor.

Jodo y yo creo, no somos muy diferentes. A su lado desperté ideas latentes en mí, ideas que yacían dormidas, pero que necesitaban el empujón de un “ojodeoro“. Un hombre simpático que destila lo mejor de cada uno si le das la oportunidad.

De todas sus técnicas: psicomagia, el estudio del árbol genealógico y su particular y acertada visión del TAROT DE MARSELLA me quedo con los actos para sanar. Unas recetas extremadamente poéticas que influyen en la psiquis buscando la resolución del conflicto, la mejora del paciente.

Jodo y yo tenemos una meta en común. Él me contagió posiblemente esta meta- idea:

“Hay que comprometerse con uno mismo para ayudar y ser útil a la sociedad. Un humano del Siglo XXI no pude vivir mirandose unicamente su ombligo. Hay que compartir el oxigeno, la comida, los ingresos, la esperanza, las culturas.La paz brota expontáneamnete de uno cuando  decide con justicia y sabiduría.”

Jodo, un humano socio-planetario decidió después de despertar y  haber dejado atrás el sino de  barbaro dormido (según sus propias palabras,un hombre movido por su egocentrismo, por tanto, movido por  su autosatisfacción) dedicar una parte de su energía a los otros. Ser además de padre, amante, marido, artista etc…un humano comprometido con el planeta dispuesto a compartir el dolor para desenmascararlo, dispuesto a ayudar a cambiar,a  limpiar y sobretodo a crecer.

En este particular  punto-idea mi amigo Sáez dió en el clavo.

 Si no me pareciera a Jodo al menos… ¡desearía con todas mis fuerzas parecerme!